Por qué deberíamos replantearnos la accesibilidad como una forma de personalización

El efecto positivo de un diseño apto para discapacitados en una población más amplia se conoce como el efecto rampa. Recibe este nombre por las pequeñas rampas que hay en las aceras para salvar los bordillos. La función principal de estos elementos es permitir el acceso a las personas en silla de ruedas, pero también ayudan a muchas otras, como a los ciclistas, los patinadores, los motoristas y las personas que llevan carritos de bebé, maletas con ruedas, bastones o muletas. Si bien estaban pensadas para ayudar a las personas con discapacidades, las rampas han acabado siendo útiles para un porcentaje más amplio de la población.

Replantearse la accesibilidad como una forma de personalización

Podemos extraer una lección valiosa de este efecto. Una lección en la que pienso cuando creamos nuevas tecnologías en Google: si tu trabajo está relacionado con el diseño, la creación, la venta o la asistencia para productos y servicios, te reto a que pienses en la accesibilidad como una forma de personalización. Muchas personas conciben la accesibilidad como una función adicional de un producto que está limitada a las personas con discapacidades. Sin embargo, funciones como el modo oscuro o los subtítulos nos ofrecen maneras de personalizar la experiencia de usuario, y estas formas de personalización son beneficiosas para todo el mundo.

Todos nosotros nos encontramos en situaciones distintas en las que tenemos que ajustar nuestra manera de interactuar con nuestros dispositivos y con las personas de nuestro entorno. Un diseño que sea capaz de ofrecer diversas formas de interactuar con las personas y con nuestro entorno nos permite disfrutar de productos y servicios más fáciles de usar para todos.

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